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COMANDO LECH WALESA

Comando Lech Walesa es una novela que forma parte de una trilogía protagonizada por el inspector de policía Ambrosio Escaleras. La primera novela fue Asesinato en el Reina Sofía y la tercera llevará como título Bob Marley en Ibiza


1. El viejo en el banco 

2. Mi sobrino pelirrojo 

3. El señor de Toledo 

4. Fernandito en la comisaría 

5. El mercado de ganados 

6. Es Paradis 

7. Carapico 

8. Vivir como un cura 

9. Editorial

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32. El mundo de la droga

  Nada más salir a la calle de la caliginosa madriguera en la que se encontraban, al quedarse solo con Chus —Seve, Paloma y Bárbara se habían despedido simplemente dejando caer el nombre del ignoto bar al que se dirigían—, pronto se percató el servidor del Estado de que rozaba los límites del abismo nocturno que se cernía sobre su espíritu, y se sentía desamparado y perplejo de la mano de un personaje turbio y escurridizo en esas lides. Escaleras se hallaba frente a la persona que podría revelar la solución a ese intríngulis, sin temor de que nadie los pudiera interrumpir; no obstante, cierto pavor lo embargaba. Si una ciudad, aunque sea relativamente pequeña como Salamanca, es un laberinto para el forastero, por la noche se transforma, con la oscuridad y las desfiguraciones de la iluminación escasa, en un caos peligroso en el que el foráneo se ve envuelto en un mar de temores, pero, si además tu guía es un explorador de las cloacas, entonces el pánico es un aliado vigilante que ...

34. La sinfonía del amor

  No anduvieron mucho trecho antes de entrar en otro bar con el simple nombre de Tal Cual. Allí se encontraron de nuevo con Bárbara y Paloma. Seve se había marchado o le habían dado esquinazo. Se saludaron entusiasmados, aunque no se sumaron a su corrillo por estar acompañadas por un numeroso grupo de estudiantes, entre los que sobresalía un mozo alto con una pelirroja barba que se hallaba concentrado en el ritual de liar un canuto. El Tal Cual era un bar montado apresuradamente aprovechando el momento en el que toda la movida nocturna se trasladó a esa plazuela. Se abrió con lo imprescindible, sin cuidar para nada la decoración, como si esta fuera algo superfluo y de poca importancia, sabiendo sus propietarios que no necesitarían ningún gancho especial para que el público sediento entrara a su barra en ángulo recto. Incluso, el local en forma de estrecho embudo no era muy adecuado para el negocio de las copas, pero no mostraron reparos en comprarlo, dispuestos a hacerse con p...

3. LOS CUADROS BLANCOS

3. Los cuadros blancos   Le sonaba el nombre y no sabía de qué, pero en el momento en que vio un póster de una escultura en barro de un individuo muy feo y desnudo se pegó una palmada en la frente y se dijo entre dientes: «¡Claro, hombre! Este es el que salió hace poco en el periódico, en algún suplemento dominical». Estuvo a punto de darse media vuelta e ir a cumplir el cometido encargado. «¡Vaya tío más memo! ¡A quién se le ocurre representar a un tío en pelotas y encima feo y tristón!». Sin embargo, Escaleras era de aquellos que rara vez cambiaban de idea cuando se había propuesto algo y, sobre todo, si era de jaez intelectual. Si, por ejemplo, abría la Espasa-Calpe y sus ojos topaban con alguna palabra que no le decía nada y se le ocurría cerrar el volumen, luego le entraban una desazón y un remordimiento que le impedían continuar buscando ninguna otra hasta que encontraba el vocablo abandonado. Entonces lo leía con fruición, como si de su lectura dependiera la felicidad y ...