Vive al lado de la carretera, cerca del arroyo. Es una casa de dos plantas. Todas las dependencias están muy recogidas y las divide un pasillo amplio que da al corral y la cuadra, donde mi abuelo tenía la borriquilla con la que se desplazaba al huerto o a las tierras que cultivaba. Nada más entrar hay a la derecha un dormitorio amplio, con un espacio destinado a peluquería; mi tía, de soltera, ejercía ese oficio. A la izquierda, la salita y la alcoba, donde duerme mi abuela. En la otra mitad, dos cocinas. La más pequeña, a la derecha y con hogar, era donde se curaba la matanza, y mi abuelo, sentado en una banquilla, reflexionaba durante largas horas contemplando arder las astillas; la de la izquierda, dotada de una placa bilbaína, la mesa camilla, sillas y sillón de mimbre del abuelo, era donde hacían la vida. Encima de su cabeza, en un pequeño estante, la radio en la que oía el parte, momento en el que toda la familia guardaba un silencio religioso. En la planta superior se encu...