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Entradas

Pelotón 3

El sol o la lluvia no importarán; en el momento en que se pueda escapar vendrá de ronda merodeando por los establecimientos públicos y por los barrios. A todos saludará por su nombre de pila. No sabrá sumar ni recordará el día en que vive, pero conoce a los vecinos y se dirige a ellos con un entusiasmo que no hallarán en nadie más. — Servencio, ¿nevará? —preguntará hoy al primero que se encuentre. Aunque ya conoce a Bautistín, no dejará de sorprenderse y oteará el horizonte para escrutarlo. — ¡No fastidies! ¡Cómo va a nevar! Proseguirá. — Perico, ¿nevará? — No creo, no está el tiempo de ello —le dirá este sin mirar el cielo, sabiendo las preguntas frecuentes de Bautistín. Sentirás pavor por la nieve. Cuando comiencen a caer los primeros copos blancos, correrás a casa como si un perro te persiguiera. — Madre, madre, ¡nevusquea mucho! ¡Vaya nevazo que va a caer! —le anunciarás excitado al tiempo que trancas la puerta, como si el perro blanco pudiera entrar en vuestra c...
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Pelotón 2

  Cuando su padre o su hermano lo dejen libre, Bautistín saldrá como una exhalación desde Las Casas Colgadas y bajará hasta la carretera, que recorrerá de punta a punta, pasando por todos los bares y por aquellas casas donde le prestan atención y conversan con él. — Mira mis ovejas —dice sin señalarlas. — ¿Dónde? —preguntaréis. — Allí —extenderá el brazo sin precisar un punto exacto. Si no las veis e insistís para que se esfuerce en dar más detalles de la ubicación, os dirá que se encuentran en tal ladera, junto a la tierra de Honorio o de Francisco. Ni con estas indicaciones seréis capaces de localizarlas. Dudaréis de vuestra agudeza visual y quizá penséis que estáis en franco declive por la edad. No os preocupéis. Las ovejas pueden encontrarse en cualquier lugar del término, menos en el que Bautistín os ha indicado. — Mi padre se ha caído —os continuará diciendo. — ¿Cómo fue? —le seguiréis la conversación. — Se cayó… — ¿Y ha sido mucho? — Le han llevado al médi...

Pelotón 1

Será una tarde de domingo después del rosario. El sol impactará en vuestras caras de niños. Miraréis hacia ese punto luminoso en busca del terraplén, una barrera imperturbable que se extenderá atravesando todo el paraje. Su altura con respecto al camino por el que vais os proporcionará pronto sombra. Avanzaréis evitando el barro y las zonas encharcadas de esa parte húmeda del término. Habréis salido de vuestras casas antes de la hora prevista para recoger las vacas con la intención de pasar un rato jugando. Llegaréis hasta el puente por el que más tarde os dirigiréis al prado. Os quedaréis un rato en esa parte sombreada. Echaréis a suertes quién se queda con la maya. Le tocará a Muchacho Barriguitas, quien no se quejará de su mala suerte, porque siempre está de buen humor. Cantará del uno al cuarenta, diez por cada uno de vosotros. Abrirá los ojos cuando finalice. Mirará hacia los huertos, hacia los zarzales, hacia las paredes de piedras que circundan los cercados y, al no ver ningún ...

Mi abuela ha cumplido 120 años

  Vive al lado de la carretera, cerca del arroyo. Es una casa de dos plantas. Todas las dependencias están muy recogidas y las divide un pasillo amplio que da al corral y la cuadra, donde mi abuelo tenía la borriquilla con la que se desplazaba al huerto o a las tierras que cultivaba. Nada más entrar hay a la derecha un dormitorio amplio, con un espacio destinado a peluquería; mi tía, de soltera, ejercía ese oficio. A la izquierda, la salita y la alcoba, donde duerme mi abuela. En la otra mitad de la planta, dos cocinas. La más pequeña, a la derecha y con hogar, era donde se curaba la matanza, y mi abuelo, sentado en una banquilla, reflexionaba durante largas horas contemplando arder las astillas; la de la izquierda, dotada de una placa bilbaína, la mesa camilla, sillas y sillón de mimbre del abuelo, era donde hacían la vida. Encima de su cabeza, en un pequeño estante, la radio en la que oía el parte, momento en el que toda la familia guardaba un silencio religioso. En la planta sup...