El sol o la lluvia no importarán; en el momento en que se pueda escapar vendrá de ronda merodeando por los establecimientos públicos y por los barrios. A todos saludará por su nombre de pila. No sabrá sumar ni recordará el día en que vive, pero conoce a los vecinos y se dirige a ellos con un entusiasmo que no hallarán en nadie más. — Servencio, ¿nevará? —preguntará hoy al primero que se encuentre. Aunque ya conoce a Bautistín, no dejará de sorprenderse y oteará el horizonte para escrutarlo. — ¡No fastidies! ¡Cómo va a nevar! Proseguirá. — Perico, ¿nevará? — No creo, no está el tiempo de ello —le dirá este sin mirar el cielo, sabiendo las preguntas frecuentes de Bautistín. Sentirás pavor por la nieve. Cuando comiencen a caer los primeros copos blancos, correrás a casa como si un perro te persiguiera. — Madre, madre, ¡nevusquea mucho! ¡Vaya nevazo que va a caer! —le anunciarás excitado al tiempo que trancas la puerta, como si el perro blanco pudiera entrar en vuestra c...
Cuando su padre o su hermano lo dejen libre, Bautistín saldrá como una exhalación desde Las Casas Colgadas y bajará hasta la carretera, que recorrerá de punta a punta, pasando por todos los bares y por aquellas casas donde le prestan atención y conversan con él. — Mira mis ovejas —dice sin señalarlas. — ¿Dónde? —preguntaréis. — Allí —extenderá el brazo sin precisar un punto exacto. Si no las veis e insistís para que se esfuerce en dar más detalles de la ubicación, os dirá que se encuentran en tal ladera, junto a la tierra de Honorio o de Francisco. Ni con estas indicaciones seréis capaces de localizarlas. Dudaréis de vuestra agudeza visual y quizá penséis que estáis en franco declive por la edad. No os preocupéis. Las ovejas pueden encontrarse en cualquier lugar del término, menos en el que Bautistín os ha indicado. — Mi padre se ha caído —os continuará diciendo. — ¿Cómo fue? —le seguiréis la conversación. — Se cayó… — ¿Y ha sido mucho? — Le han llevado al médi...